Que internet hace daño a las industrias basadas en soportes visuales o sonoros es sabido por todos. Que los japoneses endurecieron la vigilancia sobre sus raws puede no ser tan conocido, pero fue un hecho que yo misma seguí día a día cuando empezó a manifestarse de verdad. De hecho, fue la causa de que durant unas 3 semanas, los mangas de la Jump tardaran más de lo normal en salir, en septiembre de 2010, creo.
Lo interesante viene cuando hoy, aburrida, estuve leyendo en Sankaku cosas que tenía atrasadas, y me topé con un artículo que me dio un punto de vista nuevo, si bien siempre he opinado algo que puede extrapolarse de ello.
Y es que las editoriales japonesas achacan las bajas ventas a la piratería, pero sin embargo, la venta de tankoubons, o tomos, se mantiene estable, más o menos. Lo que ya no es rentable es esa típica revista semanal: ahora todo el mundo espera al tankoubon para leer. Y tiene su lógica, si sigues 2 de 15, ¿para qué gastar dinero en esas otras 13 todas las semanas? Y encima, con la poca originalidad vigente, no es que te vayas a perder una obra maestra...
¿Por qué no pegan el salto al mundo digital de una vez? Miles de personas estarían más que felices de pagar una pequeña cantidad por leer online su serie favorita, de forma más cómoda y barata. Pues parece ser que la respuesta se haya en los editores.
Resulta que, historicamente, los mangakas han estado siempre ligados a la editorial por contratos firmes y restrictivos, que les aseguraba la exclusividad de la obra. Pero en la actualidad, muchos están empezando a buscar una mayor libertad, y se limitan a publicar esas páginas periódicas en su web, para más tarde vender el tankoubon, que resulta ser lo que de verdad les supone su fuente de ingreso. Es lógico, asumo, que las revistas contienen publicidad, y de ahí parte de las ganancias de la editorial. Si no publicidad, no dinero de publicidad, menos dinero para la editorial.
Desde este enfoque, los mangakas siguen ganando lo mismo, lo que explica por qué no hay un movimiento real anti piratería en mi opinión entre el fandom, pues ya sabemos que los japoneses, cuando son otakus de una serie, compran todo lo que haga falta, y en una situación menos extremista, un japonés podría sentirse mal por "robar" el dinero a ese autor (bueno, y un no-japonés: mi freno para comprar manga en España es que soy muy delicada ocn las traducciones. Y aún así lo hago).
Pienso que si las editoriales tuvieran un poco menos de obcecación con el tema de la venta online, mangakas y editoriales, y por supuesto lectores, podrían encontrar una forma más satisfactoria de llevar el tema. ¿Será mucho pedir? ¿Llegaremos a ver algo así?
Yo de mientras, aprenderé japonés por si acaso.
El otro lado del frikismo
El blog de una chica "friki" que sigue con los mismo gustos, pero que cada día se siente menos igual al resto de "frikis" actuales.
lunes, 4 de abril de 2011
El mundo del anime, de mi ayer a mi hoy
Yo contaría con 6 años cuando me enganché al primer anime de mi vida que pueda recordar. Sailor Moon.
Eran años en que la animación japonesa comenzaba a poblar una programación infantil extensa durante toda la semana. El mundo de la prensa rosa no era tan importante en televisión, y ese hueco lo comenzaron a rellenar con La familia crece, Dragon Ball, Sailor Moon, más tarde Azuki, Sakura Cazadora de Cartas, Reena y Gaudi, Kare Kano, One Piece, e incluso Escaflowne o Evangelion tuvieron su hueco en la parrilla de la tarde.
Con tal abundancia, era de esperar que la gente algo mayor que yo pero igual de fascinada por ello comenzara a moverse, a investigar, a querer más. Internet aún no era algo tan común (qué vieja me hace sentir decir eso...), y comenzaron a ver la luz revistas en torno a este mundo. Así es como llegó a mis manos la primera Shirase, que aún conservo aunque sin pastas. Shoujo, shonen, manga, anime, ecchi, mangaka, internet, midi, opening, ending y otras tantas palabras entraron en mi vocabulario, y despertaron mi curiosidad más allá de lo que la televisión ofrecía. Aunque con un acceso de una hora cada semana a internet, no es que se pudiera hacer mucho...
Debió ser con la llegada de Shin-chan cuando el público, y sobre todo los padres, se detuvieron a mirar qué es lo que contenían aquellos "dibujitos chinos". A mis ojos, es ahí donde empezó la caza de brujas. El concepto de animación para adultos no era algo que un español medio fuera capaz de entender, a forma de verlo, era la televisión la que debía regularse por la inocencia de los niños, y no los padres los que velaran por lo que vieran o dejaran de ver. Recuerdo que era Anten 3 la que más en contra me pareció por aquel entonces. El mismo canal que emite los Simpson a la hora de comer desde hace décadas. El mismo que ahora tiene Shin-chan y nos pone una tras otra todas las películas de que dispone de este mismo niño de Kasukabe todos los fines de semana (y puede que entre semana, lo desconozco pero no me sorprendería de ser así).
Entre esta polémica y deduzco que problemas también japoneses y no sé bien qué, dejaron de llegar tantas series nuevas al horario infantil. De hecho, este horario infantil fue moviéndose de horarios y contenido tan a menudo que acabé cansada de intentar seguirlo. ¿Qué niño se levantaba a las 7 a ver Pokémon? ¿Por qué mi capitulo de One Piece cambió de ser a las 12 para ser a las 11, 12 de nuevo, 11:30, 13 y vuelta a las 11 en tan poco tiempo, haciéndome perder el hilo?
Por suerte, estas complicaciones no lograron alejarme del mundillo. Mi aumento de salario junto a la llegada a kioscos de mi localidad de alguno números de mangas, a la par que la contratación de internet en casa de mi tia, me hicieron dar el salto de la pantalla al papel. Recuerdo la emoción que sentí al conocer el proyecto de TRC, con mis héroes de infancia de nuevo en acción, o la primera vez que entré en una tienda especializada, que creí tan lejana e imposible... Al sumarle mi cambio de colegio a instituto y la Game Cube por navidad, obtenemos el caldo de cultivo del que saliera la forma de vida que soy hoy.
Pero recordando todo esto, veo que fui poco a poco, logrando sumergirme de forma escalonada y abundantemente informada, pero sin pasarse. En cambio, hoy en día un friki de 12 años lo tiene todo por delante, comenzando por internet. Ni es bueno, ni es malo, es distinto. Pero tiene consecuencias, claro, que son las que me han movido a escribir.
Un salón de hoy en día está lleno a rebosar, por pequeño y humilde que sea. Cientos de personas se juntan para consumir e intercambiar información y "cultura". Pero... ¿Es esa información correcta? ¿Es adecuada?
Gente que confunde a Black Rock Shooter con una versión oscura de Hatsune Miku. O gente que no sabe qué es un Vocaloid o de donde sale (incluidos los que hacen cosplays de Vocaloids). Tiendas que inflan los precios porque trae tal o cual cosa que en realidad es GRATIS. O material falso como un billete de 2,99 a precio de auténtico sin reparo alguno. Crios que te dicen que les gusta tal o cual serie, pero son incapaces de argumentarte qué les gusta y qué no les gusta de dicha serie. Y que miran mal si les dices que a ti no te va. Corsés que no han visto una lavadora en su vida. Gente que desconoce la palabra desodorante. Gente socialmente inadaptada que está orgullosa de serlo y ninguna intención de mejorar. Gente que desconoce la palabra desodorante. Esa necesidad imperiosa de ir por ahí sin camiseta. Gente que desconoce la palabra desodorante. Eso es para mi un salón del manga de hoy en día. Bueno, y gente que desconoce la palabra desodorante.
¿Dónde está la gente que escribía aquellas revistas, aquellas webs, esos blogs...? ¿Es que no hay gente en esta afición que no sean chicas enseñando chicha, o tios sin vergüenza de ponerse cosplays que NO les pegan ni a la de tres y hechos con papel de plata? Porque si no es así, no sé que puñetas hago yo ahí.
Quiero debates, quiero artistas (a ser posible, que no sean maltratados por esa humedad humana que estén deseando huir de allí), quiero material de verdad, o falso con precio realista. Escuchar menos "Kawaii!!1!1!!"s que te perforan los oidos.
Pero sobre todo, quiero que el ir duchado sea requisito indispensable.
Eran años en que la animación japonesa comenzaba a poblar una programación infantil extensa durante toda la semana. El mundo de la prensa rosa no era tan importante en televisión, y ese hueco lo comenzaron a rellenar con La familia crece, Dragon Ball, Sailor Moon, más tarde Azuki, Sakura Cazadora de Cartas, Reena y Gaudi, Kare Kano, One Piece, e incluso Escaflowne o Evangelion tuvieron su hueco en la parrilla de la tarde.
Con tal abundancia, era de esperar que la gente algo mayor que yo pero igual de fascinada por ello comenzara a moverse, a investigar, a querer más. Internet aún no era algo tan común (qué vieja me hace sentir decir eso...), y comenzaron a ver la luz revistas en torno a este mundo. Así es como llegó a mis manos la primera Shirase, que aún conservo aunque sin pastas. Shoujo, shonen, manga, anime, ecchi, mangaka, internet, midi, opening, ending y otras tantas palabras entraron en mi vocabulario, y despertaron mi curiosidad más allá de lo que la televisión ofrecía. Aunque con un acceso de una hora cada semana a internet, no es que se pudiera hacer mucho...
Debió ser con la llegada de Shin-chan cuando el público, y sobre todo los padres, se detuvieron a mirar qué es lo que contenían aquellos "dibujitos chinos". A mis ojos, es ahí donde empezó la caza de brujas. El concepto de animación para adultos no era algo que un español medio fuera capaz de entender, a forma de verlo, era la televisión la que debía regularse por la inocencia de los niños, y no los padres los que velaran por lo que vieran o dejaran de ver. Recuerdo que era Anten 3 la que más en contra me pareció por aquel entonces. El mismo canal que emite los Simpson a la hora de comer desde hace décadas. El mismo que ahora tiene Shin-chan y nos pone una tras otra todas las películas de que dispone de este mismo niño de Kasukabe todos los fines de semana (y puede que entre semana, lo desconozco pero no me sorprendería de ser así).
Entre esta polémica y deduzco que problemas también japoneses y no sé bien qué, dejaron de llegar tantas series nuevas al horario infantil. De hecho, este horario infantil fue moviéndose de horarios y contenido tan a menudo que acabé cansada de intentar seguirlo. ¿Qué niño se levantaba a las 7 a ver Pokémon? ¿Por qué mi capitulo de One Piece cambió de ser a las 12 para ser a las 11, 12 de nuevo, 11:30, 13 y vuelta a las 11 en tan poco tiempo, haciéndome perder el hilo?
Por suerte, estas complicaciones no lograron alejarme del mundillo. Mi aumento de salario junto a la llegada a kioscos de mi localidad de alguno números de mangas, a la par que la contratación de internet en casa de mi tia, me hicieron dar el salto de la pantalla al papel. Recuerdo la emoción que sentí al conocer el proyecto de TRC, con mis héroes de infancia de nuevo en acción, o la primera vez que entré en una tienda especializada, que creí tan lejana e imposible... Al sumarle mi cambio de colegio a instituto y la Game Cube por navidad, obtenemos el caldo de cultivo del que saliera la forma de vida que soy hoy.
Pero recordando todo esto, veo que fui poco a poco, logrando sumergirme de forma escalonada y abundantemente informada, pero sin pasarse. En cambio, hoy en día un friki de 12 años lo tiene todo por delante, comenzando por internet. Ni es bueno, ni es malo, es distinto. Pero tiene consecuencias, claro, que son las que me han movido a escribir.
Un salón de hoy en día está lleno a rebosar, por pequeño y humilde que sea. Cientos de personas se juntan para consumir e intercambiar información y "cultura". Pero... ¿Es esa información correcta? ¿Es adecuada?
Gente que confunde a Black Rock Shooter con una versión oscura de Hatsune Miku. O gente que no sabe qué es un Vocaloid o de donde sale (incluidos los que hacen cosplays de Vocaloids). Tiendas que inflan los precios porque trae tal o cual cosa que en realidad es GRATIS. O material falso como un billete de 2,99 a precio de auténtico sin reparo alguno. Crios que te dicen que les gusta tal o cual serie, pero son incapaces de argumentarte qué les gusta y qué no les gusta de dicha serie. Y que miran mal si les dices que a ti no te va. Corsés que no han visto una lavadora en su vida. Gente que desconoce la palabra desodorante. Gente socialmente inadaptada que está orgullosa de serlo y ninguna intención de mejorar. Gente que desconoce la palabra desodorante. Esa necesidad imperiosa de ir por ahí sin camiseta. Gente que desconoce la palabra desodorante. Eso es para mi un salón del manga de hoy en día. Bueno, y gente que desconoce la palabra desodorante.
¿Dónde está la gente que escribía aquellas revistas, aquellas webs, esos blogs...? ¿Es que no hay gente en esta afición que no sean chicas enseñando chicha, o tios sin vergüenza de ponerse cosplays que NO les pegan ni a la de tres y hechos con papel de plata? Porque si no es así, no sé que puñetas hago yo ahí.
Quiero debates, quiero artistas (a ser posible, que no sean maltratados por esa humedad humana que estén deseando huir de allí), quiero material de verdad, o falso con precio realista. Escuchar menos "Kawaii!!1!1!!"s que te perforan los oidos.
Pero sobre todo, quiero que el ir duchado sea requisito indispensable.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)