Yo contaría con 6 años cuando me enganché al primer anime de mi vida que pueda recordar. Sailor Moon.
Eran años en que la animación japonesa comenzaba a poblar una programación infantil extensa durante toda la semana. El mundo de la prensa rosa no era tan importante en televisión, y ese hueco lo comenzaron a rellenar con La familia crece, Dragon Ball, Sailor Moon, más tarde Azuki, Sakura Cazadora de Cartas, Reena y Gaudi, Kare Kano, One Piece, e incluso Escaflowne o Evangelion tuvieron su hueco en la parrilla de la tarde.
Con tal abundancia, era de esperar que la gente algo mayor que yo pero igual de fascinada por ello comenzara a moverse, a investigar, a querer más. Internet aún no era algo tan común (qué vieja me hace sentir decir eso...), y comenzaron a ver la luz revistas en torno a este mundo. Así es como llegó a mis manos la primera Shirase, que aún conservo aunque sin pastas. Shoujo, shonen, manga, anime, ecchi, mangaka, internet, midi, opening, ending y otras tantas palabras entraron en mi vocabulario, y despertaron mi curiosidad más allá de lo que la televisión ofrecía. Aunque con un acceso de una hora cada semana a internet, no es que se pudiera hacer mucho...
Debió ser con la llegada de Shin-chan cuando el público, y sobre todo los padres, se detuvieron a mirar qué es lo que contenían aquellos "dibujitos chinos". A mis ojos, es ahí donde empezó la caza de brujas. El concepto de animación para adultos no era algo que un español medio fuera capaz de entender, a forma de verlo, era la televisión la que debía regularse por la inocencia de los niños, y no los padres los que velaran por lo que vieran o dejaran de ver. Recuerdo que era Anten 3 la que más en contra me pareció por aquel entonces. El mismo canal que emite los Simpson a la hora de comer desde hace décadas. El mismo que ahora tiene Shin-chan y nos pone una tras otra todas las películas de que dispone de este mismo niño de Kasukabe todos los fines de semana (y puede que entre semana, lo desconozco pero no me sorprendería de ser así).
Entre esta polémica y deduzco que problemas también japoneses y no sé bien qué, dejaron de llegar tantas series nuevas al horario infantil. De hecho, este horario infantil fue moviéndose de horarios y contenido tan a menudo que acabé cansada de intentar seguirlo. ¿Qué niño se levantaba a las 7 a ver Pokémon? ¿Por qué mi capitulo de One Piece cambió de ser a las 12 para ser a las 11, 12 de nuevo, 11:30, 13 y vuelta a las 11 en tan poco tiempo, haciéndome perder el hilo?
Por suerte, estas complicaciones no lograron alejarme del mundillo. Mi aumento de salario junto a la llegada a kioscos de mi localidad de alguno números de mangas, a la par que la contratación de internet en casa de mi tia, me hicieron dar el salto de la pantalla al papel. Recuerdo la emoción que sentí al conocer el proyecto de TRC, con mis héroes de infancia de nuevo en acción, o la primera vez que entré en una tienda especializada, que creí tan lejana e imposible... Al sumarle mi cambio de colegio a instituto y la Game Cube por navidad, obtenemos el caldo de cultivo del que saliera la forma de vida que soy hoy.
Pero recordando todo esto, veo que fui poco a poco, logrando sumergirme de forma escalonada y abundantemente informada, pero sin pasarse. En cambio, hoy en día un friki de 12 años lo tiene todo por delante, comenzando por internet. Ni es bueno, ni es malo, es distinto. Pero tiene consecuencias, claro, que son las que me han movido a escribir.
Un salón de hoy en día está lleno a rebosar, por pequeño y humilde que sea. Cientos de personas se juntan para consumir e intercambiar información y "cultura". Pero... ¿Es esa información correcta? ¿Es adecuada?
Gente que confunde a Black Rock Shooter con una versión oscura de Hatsune Miku. O gente que no sabe qué es un Vocaloid o de donde sale (incluidos los que hacen cosplays de Vocaloids). Tiendas que inflan los precios porque trae tal o cual cosa que en realidad es GRATIS. O material falso como un billete de 2,99 a precio de auténtico sin reparo alguno. Crios que te dicen que les gusta tal o cual serie, pero son incapaces de argumentarte qué les gusta y qué no les gusta de dicha serie. Y que miran mal si les dices que a ti no te va. Corsés que no han visto una lavadora en su vida. Gente que desconoce la palabra desodorante. Gente socialmente inadaptada que está orgullosa de serlo y ninguna intención de mejorar. Gente que desconoce la palabra desodorante. Esa necesidad imperiosa de ir por ahí sin camiseta. Gente que desconoce la palabra desodorante. Eso es para mi un salón del manga de hoy en día. Bueno, y gente que desconoce la palabra desodorante.
¿Dónde está la gente que escribía aquellas revistas, aquellas webs, esos blogs...? ¿Es que no hay gente en esta afición que no sean chicas enseñando chicha, o tios sin vergüenza de ponerse cosplays que NO les pegan ni a la de tres y hechos con papel de plata? Porque si no es así, no sé que puñetas hago yo ahí.
Quiero debates, quiero artistas (a ser posible, que no sean maltratados por esa humedad humana que estén deseando huir de allí), quiero material de verdad, o falso con precio realista. Escuchar menos "Kawaii!!1!1!!"s que te perforan los oidos.
Pero sobre todo, quiero que el ir duchado sea requisito indispensable.
Antes que nada, me parece correcto presentarme y aclarar qué me ha traído aquí. Mi nombre es Bárbara (Syg en el amplio colectivo cibernético), y soy una "friki", por muy poco que me guste la connotación que toma la palabra hoy en día, de casi 22 años. Es decir, que pertenezco a los últimos vestigios de la generación X, y sin embargo soy totalmente consciente de cuando empezó la generación pokémon. Recuerdo con especial cariño series como Sailor Moon, que no se a ti, pero a mi a los 6 años me costaba entender. Para mi eran chicas con poderes que luchaban contra el mal y no era capaz de verle más profundidad. También recuerdo el resto de las que has citado, y una más, Caballeros del Zodiaco. Estoy aquí porque un amigo tuyo ha hecho una pregunta en twitter, se la he contestado, y me ha pedido que dé mi opinión aquí. Así que a ello voy.
ResponderEliminarTal y como yo lo veo, cuando nosotras éramos jóvenes, a España sólo llegaba el anime con cierta calidad. Era muy arriesgado doblar una serie que no fuese a tener audiencia. Al ser selectivos con nosotros, nosotros nos volvíamos selectivos con lo que veíamos. En la vida se me habría ocurrido ponerme a ver una serie chorra sin un mínimo de calidad en la animación y el apartado gráfico. Todas las series citadas contaban con ello. Los críos de hoy en día viven en el mundo de la información. Les bombardean constantemente con cualquier cosa, siguen la moda y no han aprendido a ser selectivos. Les da igual blanco que negro, y no es necesario saber de donde viene una cosa con tal de que la moda sea que te guste. Pasa eso con vocaloid, con las crías que llevan camisetas de los ramones sin ser capaces de cantar el estribillo de su canción más famosa y con todo lo demás. No es de extrañar que uno de los mundillos más afectados por esto sea el que, a la hora de la verdad, peca de más desinformación. Si se lo dan todo hecho, ¿por qué iban a hacer como nosotras? ¿Por qué buscarse la vida y profundizar en el tema para extraer lo que de verdad te interesa? Ellos no han pasado por Asterix y Obelix, o Mortadelo y Filemón, hasta llegar a Marvel, los X-Men y más tarde Akira.
En cuanto a la gente socialmente inadaptada de serlo, no estaría tan orgullosa si de verdad lo fueran. Me explico, en el momento en el que 100 marginados se juntan, dejan de ser unos marginados. La gente que desconoce la palabra desodorante existe en todos los colectivos, sólo que es más evidente cuando metes a miles de personas en un recinto cerrado. Las chicas que enseñan carne indiscriminadamente igual, chicas que necesitan llamar la atención las hay en todas partes. Y que no me diga ninguna que ellas lo hacen por el cosplay, porque una no enseña si no le gusta que la miren. Las tiendas que inflan los precios se lo permiten porque no tienen competencia, como en todas partes. Cuanto más pequeño el colectivo, más evidentes son estas cosas. Y mientras mamá y papá suelten pelas, no se plantearan el verdadero valor de lo que compran. Nunca han tenido que elegir entre 10 tomos de Vampire Knigh y un tomo recopilatorio de Hellboy. No saben lo que es la calidad porque todo está a su alcance. No han tenido que ahorrar el dinero de Navidad para permitirse el último Tomb Raider. porque para eso están los emuladores. No son conscientes de todo lo que ha conllevado la aparición de internet (que en mis tiempos, también, era una de esas cosas futuristas).
Nos queda el consuelo de que a las tres cuartas partes de esa gente se les pasará la tontería. Con el resto cargará el estado, no nosotros. Y mientras tanto, a hacer como los veteranos de guerra, sacar pecho, levantar la cabeza con orgullo, y decir: yo estuve ahí, ¿qué sabes tú de todo eso?
GRacias por molestarte en comentar, Bárbara.
ResponderEliminarPara comenzar, comentarte que sé que Caballeros del Zodíaco estuvo en esa época, pero soy incapaz de recordarla, no sé quién lo emitía o es que por aquí no se llegó a ver. Y Sailor Moon, para mi yo de 6 años, era una serie con chicas bonitas, colores y amistades (y gatos <3).
En lo que respecta a la calidad del anime que llegó, es cierto, pero lo veo algo casi casual, en el sentido de que coincidió que era una época "dorada" de calidad que mirando los títulos de hoy uno se lleva las manos a la cabeza. Escogían las mejores, pero porque las había, por suerte. El declive ya será otra historia que comentaré tras empaparme bien en fuentes serias.
No puedo estar más de acuerdo en esa falta de escala personal que mencionas en la gente de hoy en día, y por supuesto en cualquier "tribu" actual. Lo que no me explico es este cambio tan repentino de perfil de "friki"/"otaku"/"japófilo" o lo que quiera que seamos: de minoría con un nivel medio de información e interés, a una sobrepoblación de consumistas sin 2 dedos de frente a la hora de comprar o seleccionar. Como dices, lo tienen todo, pero por eso mismo no tienen nada para mí: nunca entenderán este maravilloso mundillo del todo, no llegarán a exprimir todo lo que les ofrece, sobre todo, les timarán una y otra vez.
Mi interpretación de marginado puede diferir, o tal vez no me expliqué bien. En el mundo friki, abundan por ejemplo chavales que no distinguen un sarcasmo, se van de la lengua porque no distinguen que hay cosas que no se pueden decir en según qué momento, no pillan los dobles sentidos, no entienden indirectas ni directas... Quizás la palabra no sea marginado, pero no sabría definirlos mejor. Pero créeme, casos así y que no piensan que tengan un problema puedo presentarte media docena. Ellas, carne que enseñen, pero la ropa gótica también se lava. Y no pienso compadecerlas porque las llamen como mínimo busconas, que también lo he vivido. Su cuerpo será suyo, pero si lo enseñan, están dando derecho al resto a que opine, o asi lo veo yo.
Y para qué vamos a exigir precios razonables, material auténtico, buenas traducciones... si total, el resto, el 80, 90%, lo comprará igualmente. Y yo lo siento, por mucho que los sudorosos estén en todas partes, si vas a ir a un evento así, contribuye a que sea más leve, no a que sea peor. No creo que sea tanto pedir =/ Un poco de decoro y compasión con el prójimo.
Por supuesto que sí, levantaré la cabeza y me sentiré orgullosa por todo lo que he aprendido, y todo lo que me queda por ver. Pero mientras se le pasa la tontería, no puedo evitar sentirme mal con el camino que está tomando, porque tuvimos una oportunidad de hacer cosas maravillosas, y todo se quedó a la mitad.